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La pelota no se mancha… pero algunos se empeñan en hacerlo


El fútbol argentino vuelve a quedar en el centro de la escena. Pero esta vez no es por un campeonato apasionante ni por un torneo bien organizado, sino por una nueva polémica que vuelve a manchar a uno de los deportes más populares del país.


Este fin de semana debería disputarse la novena fecha del Torneo Apertura. En Santiago del Estero, la jornada prometía ser especial ya que Central Córdoba iba a recibir a Boca Juniors en el estadio Madre de Ciudades, mientras que en la Primera Nacional, Mitre y Güemes tenían programados sus respectivos compromisos por la cuarta fecha.


Sin embargo, nada de eso sucederá. Habrá que esperar para saber cuándo volverá a rodar la pelota.


La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) decidió suspender toda la actividad oficial en todas sus categorías entre el 5 y el 8 de marzo. La medida fue anunciada como una señal de repudio frente a la denuncia presentada por ARCA contra el presidente de la entidad, Claudio Tapia, y el tesorero Pablo Toviggino, en el marco de una investigación por presunto lavado de dinero vinculada a la compra de una mansión de 105 mil metros cuadrados en Pilar.


Y entonces surge una pregunta inevitable: si los dirigentes están siendo investigados por la Justicia, ¿por qué debe detenerse el fútbol?


La respuesta parece ser tan simple como preocupante: el fútbol argentino está cada vez más condicionado por intereses dirigenciales que poco tienen que ver con el deporte. Y, en medio de esas disputas, quienes terminan pagando las consecuencias son los verdaderos protagonistas de esta historia: los hinchas, los clubes, los jugadores y también los medios de comunicación.


A lo largo de la historia, el fútbol argentino atravesó momentos realmente tristes. Sin embargo, el espectáculo casi nunca se detuvo.


El fútbol no se paró cuando Emanuel Ortega perdió la vida tras golpearse la cabeza contra un paredón de cemento en una cancha del ascenso. Tampoco cuando la brutalidad policial terminó con la vida de César “Lolo” Regueiro en las inmediaciones del estadio de Gimnasia y Esgrima de La Plata. Ni siquiera cuando murió Diego Armando Maradona, el máximo símbolo del fútbol argentino, el hombre que llevó a este deporte a lo más alto y cuya figura trascendió fronteras.


En ese momento, el homenaje fue ponerle su nombre a un torneo en plena pandemia. Un gesto simbólico para el jugador que dejó una de las frases más inmortales del fútbol: “La pelota no se mancha”.


Pero hoy esa frase vuelve a resonar con fuerza, mientras el fútbol argentino parece mancharse cada vez más por decisiones de quienes lo administran como si se tratara únicamente de un negocio.


En el medio también quedamos los medios de comunicación, que cada vez tenemos más limitaciones para realizar nuestro trabajo y transmitir lo que el hincha realmente quiere: información.


En el fútbol del ascenso, por ejemplo, lo que antes era un servicio gratuito hoy exige pagos y suscripciones para acceder a transmisiones que muchas veces ofrecen un producto precario y de baja calidad. A eso se suman restricciones que impiden incluso mostrar imágenes del campo de juego o de las tribunas, donde están quienes le dan vida al espectáculo: los hinchas que pagan su cuota, que acompañan a sus equipos y que muchas veces se veían reflejados en la pantalla.


La pregunta, entonces, vuelve a aparecer: ¿cuál es el verdadero objetivo de estas medidas?


Para muchos, la respuesta es evidente. Concentrar el negocio en pocas manos, dejando afuera a quienes durante años ayudaron a difundir el fútbol y acercarlo a la gente. Y también a aquellos hinchas que no tienen la posibilidad de pagar un servicio mensual para ver a su equipo.


El fútbol argentino siempre tuvo dirigentes que buscaron sacar provecho del sistema. Eso no es nuevo. Pero llegar al punto de detener la actividad para presionar en medio de una investigación judicial es, al menos, difícil de comprender.


¿Por qué el hincha debe pagar los platos rotos?

¿Por qué los clubes y los equipos que representan a miles de personas deben quedar bajo sospecha por decisiones que no les pertenecen?


Mientras tanto, la sensación que queda es clara: la pelota, aquella que Maradona defendía con su frase eterna, corre el riesgo de mancharse cada vez más.


Ojalá que el fútbol argentino pueda recuperar el rumbo. Que vuelva a ser transparente, bien organizado y pensado para quienes realmente lo sostienen: los hinchas.


Porque el fútbol puede sobrevivir a muchas cosas, pero nunca debería detenerse por quienes no lo merecen. Y mucho menos volver a mancharse por culpa de quienes dicen conducirlo.

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